Existen tres ámbitos de los procesos psíquicos y tres capacidades que se manifiestan en la realización de diferentes tareas, por medio de estos procesos psíquicos.

 

a) Ámbito de los procesos psíquicos: Cognitiva. Afectiva. Volitiva. 

b) Ámbito de las cualidades psíquicas: Inteligencia. Temperamento. Carácter. 

c) Ámbito de procesos psíquicos: Formado por el pensamiento y el conocimiento. Formado por el sentimiento y la emoción. Formado por la voluntad y la actitud.

Los tres ámbitos se interrelacionan entre sí, así: a) Conocimiento (psiquis, desde la niñez). b) Motivación (emoción: autodesarrollo, prueba error ensayo). c) Aptitud (voluntad+actitud=conducta autónoma, criterio propio, transformación, creatividad, innovación). Lo que propicia el conocimiento es la motivación. Y una vez configurado lo anterior, logramos una aptitud que nos permite desarrollarnos como humanos en cualquier campo o área de actuación. Usualmente la aptitud se nutre del conocimiento, que requiere a su vez de motivación para su implementación en los circuitos cerebrales: cada red neuronal es un pensamiento, una idea.

Vamos a verlo más detenidamente lo expresado en el último párrafo. El conocimiento y el pensamiento forman un conjunto, en el cual el pensamiento es lo que estructura y opera con el conocimiento. De modo análogo se pueden concebir las parejas sentimiento-emoción y voluntad-actitud, en las cuales el sentimiento es la forma de estructurar las emociones y la voluntad el modo en que se configuran las actitudes. 

A partir del desarrollo de las ideas o creencias que forman, los ámbitos cognitivo, afectivo y volitivo se van formando nuevas ideas que, con mayor o menor fuerza, integran elementos de cada uno de estos ámbitos, configurando el cuadro de parámetros psicológicos, que son en última instancia, los que determinan la conducta, expresada tanto en una actividad como en un proceso de comunicación con el medio social. 

La formación del psiquismo desde la niñez, es una consecuencia del propio autodesarrollo del hombre, moldeado en profundidad por el mundo material y en particular por la sociedad. 

La selección natural ha demostrado que las especies que poseen cerebro, cuentan con aptitudes de adaptación más desarrolladas gracias a las funciones que puede llegar a desarrollar el cerebro. En el caso del hombre, podemos distinguir estas funciones básicas: 1. La función mental. 2. La función conciencia. 3. La función racional. 4. La función volutiva. 5. La función recuerdo o memoria. 

Todas estas funciones se interrelacionan posibilitando el desarrollo de otras funciones aún más desarrolladas y especializadas en mejorar la capacidad de adaptación al medio. 

En cuanto a la condición de sujeto, tenemos que el hombre es capaz de orientarse en el mundo que lo rodea logrando autonomía e independencia en la medida que su conducta es más transformadora que adaptativa. La previsión o visión de la posibilidad, transforma el estado del individuo que posee psiquis, le lleva a organizar sus acciones presentes, reales, dependiendo de lo que pueda ocurrir en el futuro que no existe, sujeto a lo que debe ser. La finalidad determina la actividad. El individuo resuelve una tarea única e irrepetible, gracias a la psiquis, pero su acción quiere que sea precedida por la prueba. La trama de complejos y reacciones neuroticas de la persona, permite ver con lente de aumento de donde arrancan la música de Beethoven, el afan de conquista del cojo Tamerlán o el complejo de compensación de un kaiser semimanco. La formulación científica permitió conocer leyes para analizar el miedo a la vejez, el amor filial, los celos, la debilidad, la pereza... nuestras locuras y pasiones humanas. Nuestras emociones.

Los conocimientos adquiridos sobre el sujeto sobre sus emociones, por otro lado, pensados para su empleo por el médico y el psicólogo, se pueden emplear contra el individuo por mala praxis. Entiendo que se puede manipular la psiquis humana, cuando de lo que se trata es del bienestar del individuo y solamente a su favor. No obstante, lo que una persona ve en su entorno, sirve a veces como material de juicio sobre esa misma persona. Es cuando se miden reacciones a cronómetro, se averiguan los conocimientos almacenados y se practican ejercicios de rendimiento mental y otros que dejan al desnudo la estructura mental. Todo un arsenal de armas al servicio de los poderosos, desde la mezquina publicidad consumista hasta el lavado de cerebro. No es de pasivo el instrumento que implementó el sobrino de Sigmund Freud para dar publicidad a la llegada del Tío Sam a la Europa de la reconstrucción tras los avatares desoladores y destructores de la II Guerra Mundial.

Más hay otro tipo de publicidad alejada de los planfetos, en torno a como entender al hombre y como influir en él debidamente. Hay dos grupos con posiciones muy distintas: Por un lado, la Etología que considera biológicamente, la cuestión de si el medio o los factores hereditarios programan la inteligencia y la capacidad de rendimiento individual, más de lo que quisiéramos admitir, a lo que no ha hallado la respuesta todavía. Entre los muchos conocimientos producidos por la etología se nos patentizan los rasgos humanos que tienen su contraparte en el comportamiento animal: el instinto del coto y la jerarquía del picotazo, la mecánica intimidatoria y las actitudes transicionales que son transmisibles de la esfera zoológica a la humana. O la noción de que la agresión, por ejemplo, posee una función de mantenimiento de la especie, lo que ha contribuido a la desmitificación del mal y al acercamiento más racional a sus esquemas de conducta más ignominiosas del individuo socialmente hablando. 

De otro lado, la Sociología que considera al hombre como un ser primordialmente social y ve en sus fallos de conducta, menos mecanismos biológicos y más problemas de orden social. El sociólogo estudia el orden social cuyas relaciones externas muestran todos los atrofiamientos producto de la opresión y toda la falta de libertad debida a la explotación y estudia al individuo, y todo el espacio de acción necesario para su libre desarrollo, en la presión mercantilista que no ve en el sujeto, otra cosa que consumidor y mercancía. 

Ambos grupos no pueden ofrecer más que el progreso científico y a largo plazo para tantos millones de personas en el planeta Tierra se necesitan otras soluciones. 

Trayendo a colación todo lo anterior, llegamos entonces a la conciencia y la inconsciencia del individuo. Todos conocemos del cerebro mucho parcelado y funciones, pero no lo entendemos desde un punto de vista científico qué es la consciencia o entendimiento, saber cómo el cerebro tiene conciencia de sí mismo es todavía un reto. Es el único órgano que puede investigarse a sí mismo. Más el conocimiento que actualmente nos llega es desde el punto de vista filosófico e incluso especulativo. Hasta ahora se estudia el cerebro humano desde las diversas perspectivas del conocimiento: Psiquiatría, Psicología, Filosofía y Religión. 

No obstante el vacío anterior, la conciencia tiene la función entre otras, de catalogar las cosas como buenas y malas. Otra función importante y más desarrollada de la conciencia es la función de la razón o la capacidad de transmitir a los demás qué aspectos nos permiten actuar de cierta forma. Las funciones de raciocinio, conjuntamente dotan al individuo de voluntad sobre en qué cosas va a emplear sus recursos energéticos internos, de voluntad y capacidad de recordar, que le permitirá retroalimentar futuras acciones. Las distintas funciones de la conciencia tienen diferentes grados de desarrollo. Es la liberación del humano que arrastraba pesadas cadenas en su andar cotidiano. Es la toma de conciencia de su situación el principio mediante el cual puede ver la luz tras el túnel de la ignorancia por el velo impuesto durante siglos.

La conciencia, por tanto, es el resultado de los procesos psíquicos, con los parámetros adoptados de la sociedad humana con la que se identifica el individuo. La psiquis, como se ha analizado, es el resultado de una nueva estructuración de la corteza cerebral, que no tiene ya un carácter puramente biológico porque es consecuencia de la interacción con un medio social. 

Como hemos dicho, cuando la consciencia o psiquis del individuo (que como se ve es distinto de la conciencia, donde se incluye) no es estimulada (o presionada) por novedades que ir incorporando a su esquema, es cuando comienza a evaluar como lo aprendido somete a su organismo a control, comenzando a razonar que alternativas puede haber para cambiar lo ya establecido, dándole la autonomía necesaria, para estar en condiciones de poner en duda y someter a crítica esos patrones y llegar por su propio esfuerzo a elaborar una concepción del mundo que será la que a partir de entonces (o no) le guiará en la toma de sus decisiones. Y demás.

Un punto y aparte merece la Inconsciencia.

Un saludo.

Marintaler