La idea de medir la felicidad —o el bienestar— puede parecer una empresa arriesgada. ¿Cuáles serían los parámetros de medición de un intangible así? Amplíe primero el concepto para la medición de la felicidad de un país entero; a continuación, compare el nivel de felicidad de diferentes países: aquí reside el desafío para los economistas; por lo menos es lo que parece. Lo que sucede es que hay algunos defensores improbables, otros hasta muy conocidos, de un índice de felicidad a lo que les gustarían que la población de un país fuera feliz viviendo en un ambiente que promoviera el bienestar y el éxito económico. Es el caso del primer ministro de Reino Unido, David Cameron. El año pasado, él anunció que el Gobierno creará un índice de bienestar nacional. Cameron dijo que el concepto de medición de la felicidad podría ser interpretado perfectamente como algo "visionario e impracticable", pero él lo considera importante. Es lo que piensa también el presidente francés, Nicolas Sarkozy, que formó un equipo integrado por dos ganadores del Premio Nobel de economía cuya misión consiste en crear un sistema que mida el bienestar de la nación. En China, los índices de felicidad se han vuelto...
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